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junio 04, 2018

CADENAS GLOBALES DE VALOR, COMPETITIVIDAD SISTÉMICA Y ENDOGENEIDAD TERRITORIAL. Apuntes metodológicos y relevancia para la política económica

En lo que sigue quisiera argumentar, brevemente, sobre el potente fundamento metodológico que ofrecen los enfoques de cadenas globales de valor, la competitividad sistémica y la endogeneidad territorial, con el objeto de lograr aclarar algunas diferencias en los respectivos enfoques y particularmente sus fortalezas para la elaboración de estrategias, políticas e instrumentos de desarrollo territorial.

Después de más de una década de predominancia de análisis macroeconómico –de “cambio estructural” y otras por parte del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial desde la década de los setenta del siglo XX- el inicio de la discusión sobre CGV por parte de Gary Gereffi y Miguel Korzeniewicz desde la década de los noventa permitió un enriquecimiento multidisciplinario y metodológico significativo. Cientistas sociales –antropólogos, sociólogos, administradores de empresas, politólogos, economistas y abogados e ingenieros, entre muchos otros- han participado desde entonces en un creciente grupo de análisis de CGV permitiendo sobrellevar la camisa de fuerza impuesta en ciertos círculos macroeconomistas: análisis comparativos de CGV en y entre localidades, regiones, países, grupo de países y a nivel global enriquecieron sustantivamente el conocimiento sobre el funcionamiento de las propias empresas y respectivos territorios que conformaban las respectivas CGV. Si bien predominaron inicialmente CGV según su relevancia en el comercio internacional –por ejemplo, de la cadena hilo-textil-confección (HTC), autopartes-automotriz (CAA) y la electrónica-, desde entonces el enfoque metodológico de las CGV ha abarcado docenas de países, cadenas y aspectos laborales, jurídicos y vinculados a la migración, cambio climático y medio ambiente, competitividad y empresas, entre otras. El concepto y la metodología de las CGV han influenciado, de igual forma, a instituciones internacionales como la OECD, el Banco Mundial, la CEPAL, UNCTAD y la OIT, entre muchas otras. Si bien todavía no puede considerarse como un “mainstream”, el concepto es parte del discurso de éstas y muchas otras instituciones globales y regionales.

Desde esta perspectiva, las CGV son resultado de segmentos y organizaciones industriales con características diferentes: en cadenas específicas, por ejemplo, los segmentos de investigación y desarrollo pueden apropiarse de un valor agregado muy superior al segmento especializado en el ensamble de partes y componentes. El tema es de crítica importancia para el análisis y propuestas de política vinculadas a su inserción con el exterior: existen en el Sistema Armonizado de Estados Unidos a 10 dígitos alrededor de 17,000 productos que son registrados en el comercio exterior –de piñas, semiconductores, calcetines y bebidas, por ejemplo- y cuyas características divergen sustancialmente en términos de las propias empresas, su tamaño, la tecnología empleada, financiamiento, empleo y su calidad, requerimientos de capacitación, capacidad de aprendizaje y escalamiento, condiciones comerciales, etc. En contra de cualquier determinismo macroeconómico –el tipo de cambio real como la principal variable para comprender el desempeño exportador, por ejemplo-, el enfoque de las CGV es una invitación metodológica a examinar empresas y grupos de empresas –las relaciones intra e interempresa- que generan condiciones sociales, económicas y políticas en sus respectivos territorios (global, nacional, regional, etc.).

Prácticamente en paralelo, aunque sin un diálogo explícito, desde la primera parte de los noventa del siglo XX autores como Esser, Hillebrand, Meyer-Stamer y Messner iniciaron con otro enfoque metodológico bajo el concepto de “competitividad sistémica”. En abierta crítica tanto a Michael Porter como a la visión de la competitividad propuesta por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) estos autores al menos desde la década de los noventa han señalado la importancia de integrar los niveles microeconómico, mesoeconómico, macroeconómico y metaeconómico de la competitividad. Es decir, y a diferencia de una perspectiva que prioriza tanto los aspectos macro o microeconómicos, ésta escuela de pensamiento destaca que la competitividad debe comprender metodológicamente los cuatro niveles de análisis; el énfasis exclusivo en uno de estos niveles analíticos lleva a una comprensión y a propuestas de políticas insuficientes y simplistas en el sentido que no reconocen la complejidad de los procesos socioeconómicos en tiempo y espacio. Varios de estos autores –particularmente Meyer-Stamer- han destacado la importancia –también por su falta de consideración y análisis- del nivel nivel mesoeconómico o institucional e interempresa. Las labores de Mesopartner desde hace más de una década buscan, justamente, integrar explícitamente el nivel analítico mesoeconómico con la construcción de capacidades (capacity building) territoriales, también bajo el concepto de “desarrollo local y regional” y “desarrollo económico territorial”.

Por último, autores como Dussel Peters –y considerando diversas escuelas de desarrollo sobre el crecimiento endógeno y enfatizando una perspectiva territorial- destacan que si bien los enfoques de las CGV y de la competitividad sistémica son significativos en el contexto de la dominancia de enfoques exclusivamente microeconómicos o macroeconómicos de la competitividad, adolecen de una perspectiva explícita y como punto de partida del espacio o territorio, de endogeneidad territorial, es decir, de la forma específica en los que los territorios se integran a estos encadenamientos mercantiles globales y a la forma específica de competitividad sistemática que logran. Sin caer en nuevos determinismos, no son las empresas, sino que los territorios el punto de partida socioeconómico de análisis “glocal”. Desde esta perspectiva, es importante incorporar explícitamente tanto los aspectos sistémicos de la competitividad –y mucho más allá de una perspectiva primitiva de la microeconomía y la macroeconomía-, así como de la “endogeneidad territorial”: partir de los respectivos territorios y su potencial de eficiencia colectiva en términos territoriales procesos y productos específicos en segmentos de cadenas globlaes de valor.

Estos enfoques metodológicos son significativos desde varias perspectivas. Por un lado, reflejan la inviabilidad –para no caer en ignorancias- deterministas en uno de los niveles analíticos propuestos por los autores de la competitividad sistémica. Por otro lado, la necesidad de un conocimiento detallado de procesos y productos específicos en tiempo y espacio –con las CVG y la endogeneidad territorial- que también permiten un diálogo concreto con otros actores y clases sociales, incluyendo funcionarios, empresarios, organismos empresariales, etc. y con base en el conocimiento específico generado. Tercero, estos enfoques metodológicos también exigen una multidisciplinariedad efectiva con base en el conocimiento concreto de procesos y productos específicos en tiempo y espacio; la aparente mayor capacidad de comprensión (sic) de economistas u otros sobre estos procesos y productos es parte de una discusión con otros cientistas sociales que permite enriquecer el análisis y propuestas específicas. Sobredeterminismos y monocausalidades no tienen justificación en estas interacciones.

Por último, y de lo más significativo, estos esquemas metodológicos también permiten un extenso y profundo diálogo con contrapartes empresariales y públicas en territorios específicos. El marco metodológico establece un análisis meta, macro, meso, micro y territorial de procesos y productos de segmentos de cadenas de valor en el corto, mediano y largo plazo. Así, las estrategias, políticas e instrumentos requieren de una enorme especificidad espacial y temporal: productos como plátanos y semiconductores, pero también procesos dentro de la misma cadena hilo-textil-confección, por poner ejemplos arbitrarios, exigen conocimiento detallado y una estrecha colaboración con las instituciones (el nivel meso) interempresariales y ancladas en los respectivos territorios. Recetas generalistas y macroeconómicas, desde esta perspectiva, son insuficientes y, en la mayoría de los casos, irrelevantes. La perspectiva “glocal” de estos procesos y productos de segmentos de CGV, de igual forma, tampoco permiten caer en el otro extremo de sólo considerar las condiciones locales, aunque son el espacio de implementación de políticas específicas.

Enrique Dussel Peters[1] (dussel@unam.mx)


[1] Profesor Tiempo Completo del Posgrado en Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Coordinador del Centro de Estudios China-México de la Facultad de Economía de la UNAM y Coordinador de la Red Académica de América Latina y el Caribe sobre China (Red ALC-China). Buen parte de los argumentos pueden revisarse en diversos documentos elaborados en: dusselpeters.com

Reflexión Anual 2017

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